Seamos honestos. Cuando abres LinkedIn, esperas ver ofertas de trabajo, actualizaciones de tus contactos o algún artículo interesante.
Lo que no esperas es que la plataforma esté husmeando en silencio dentro de tu navegador, catalogando las herramientas que tienes instaladas. Pues resulta que eso es, aparentemente, lo que estaba pasando.
A principios de abril de 2026, un grupo de investigadores europeos publicó un informe llamado BrowserGate. Y lo que encontraron puso nerviosa a mucha gente con razón.

Lo que hace LinkedIn cada vez que entras a su sitio
Imagínate que cada vez que entras a una tienda, el guardia de seguridad revisara silenciosamente tu bolso. Sin decirte nada. Sin preguntarte. Solo… revisando.
Eso, más o menos, es lo que describe la investigación de Fairlinked eV, la asociación europea de usuarios que está detrás de BrowserGate.
Según su reporte, cada vez que visitas LinkedIn desde un navegador basado en Chromium —Chrome, Edge, Brave, Arc— un script de JavaScript se activa en segundo plano. Ese script escanea las extensiones que tienes instaladas en tu navegador, recopila los resultados, los encripta… y los manda a los servidores de LinkedIn.
Todo eso sin ningún aviso. Sin diálogo de consentimiento. Sin mencionarlo en la política de privacidad.

Más de 6,000 extensiones en la mira
El número que más sorprende de este caso es el alcance del escaneo.
Para febrero de 2026, LinkedIn estaba sondeando activamente 6,167 extensiones específicas. Una cifra que había crecido desde las 5,459 que se detectaron en diciembre de 2025. Es decir, la lista no dejaba de crecer.
¿Y qué tipo de extensiones? Aquí es donde el asunto se pone más serio.
No se trata solo de bloqueadores de anuncios o herramientas de productividad. Entre las extensiones escaneadas hay algunas que pueden revelar información muy personal:
- Extensiones asociadas a prácticas religiosas del Islam
- Herramientas relacionadas con tendencias políticas
- Aplicaciones diseñadas para personas con trastornos del neurodesarrollo
- Software de búsqueda de empleo
Esa última parte es especialmente delicada. LinkedIn sabe quién eres, dónde trabajas y cuál es tu cargo.
Si detecta que tienes instalada una extensión de búsqueda de empleo… puede inferir que estás pensando en cambiar de trabajo. Y tu empleador actual podría estar viendo tu perfil en ese mismo momento.

No solo va a LinkedIn: los datos llegan a terceros
Una cosa es que LinkedIn recopile esa información para sus propios sistemas. Pero el informe de BrowserGate va más lejos.
Según los investigadores, los datos no se quedan solo en los servidores de la empresa.
También se estarían transmitiendo a compañías externas, incluyendo a HUMAN Security, una firma de ciberseguridad con operaciones en Estados Unidos e Israel. El propósito exacto de esa transferencia no está claro.
Además, el sistema llamado APFC —Anti-fraud Platform Features Collection— recopila hasta 48 señales diferentes de tu dispositivo.
Cosas como la cantidad de núcleos de tu procesador, la memoria RAM disponible, la resolución de pantalla, el nivel de batería, y hasta si tienes cámara o micrófono conectados. Todo eso forma lo que algunos llaman una «huella digital» única de tu equipo.

La respuesta de LinkedIn y el debate que genera
LinkedIn no se quedó callado. La compañía negó haber actuado de forma ilegal y argumentó que el escaneo es parte de sus esfuerzos anti-fraude y de integridad de la plataforma — una forma de detectar bots y prevenir el uso malicioso.
Y hay quienes le dan algo de razón. Un usuario en Hacker News señaló que este tipo de fingerprinting del navegador es una práctica bastante común entre sitios que muestran publicidad, y que las afirmaciones de BrowserGate pueden estar un poco exageradas.
Sin embargo — y esto es importante — hay una diferencia crucial entre rastrear a un usuario anónimo y rastrear a alguien cuyo nombre completo, empleador y cargo profesional ya conoces. LinkedIn no es un sitio cualquiera. Es una red donde la identidad está al centro de todo.
Procesar datos que revelan creencias religiosas, opiniones políticas o condiciones de salud requiere consentimiento explícito. Sin excepción.
Para finales de la primera semana de abril, el caso ya había generado dos demandas formales.
Fuente: LinkedIn